Por Claudio Remedi*

 

En la Argentina, existieron dos grupos de escritores, los de boedo y los de florida. Sus nombres hacían referencia a dos calles de la ciudad de Buenos Aires, y a la vez a dos tipos sociales, dos formas de concebir el mundo desde la literatura. Antagonistas históricos, los de boedo tomaban a los bajos fondos, la inmigración incesante, los conventillos, la explotación y el trabajo esclavo, como temática de una década de profundos cambios, la década del 20´. El grupo de boedo se enfrentaba al preciosismo de los escritores de florida y ponían en tela de juicio la orientación que tenía el arte alrededor de las problemáticas triviales de la burguesía.
Boedo, calle, barrio, con espíritu de tango y bohemia, fue ámbito de debates entre socialistas, anarquistas e intelectuales de ideas avanzadas. La literatura se combinó con el teatro, el periodismo, con otra forma de percibir la ciudad y sus conflictos.

Hace mas de diez años, un grupo que egresaba de la Escuela de Cine de Avellaneda, en el suburbio industrial de Buenos Aires, tomaba el nombre de boedo para sí. En la Argentina de principios de los 90´ el entonces presidente Raúl Alfonsín dejaba el gobierno en medio de una crisis político económica, con los suburbios mas empobrecidos asediados por violentos saqueos a comercios. El nuevo presidente, Carlos Menem, asumía con la promesa de la “revolución productiva” con la cual iba a restablecer fuentes de trabajo perdidas. En poco tiempo su promesa electoral se reveló falsa. A pasos agigantados su política, dictada por el FMI, se oriento hacia la privatización de la totalidad de los recursos estatales. Al mismo tiempo muchas empresas cerraron, creando hacia el fin de la década, niveles de desocupación nunca vistos. El aparato mediático televisivo -también privatizado- fue el órgano oficial que formó la opinión durante esos años.

Desde sus primeras experimentaciones cinematográficas, en el año 1992, grupo de boedo films asumió la perspectiva documental como instrumento para retratar los aspectos más dramáticos de esa realidad argentina. Con una mirada crítica, sus producciones se centraron en los profundos cambios económicos, sociales y políticos desde la llamada década menemista hasta la actualidad.

Los integrantes del grupo recorrieron el país con el objetivo de reflejar las experiencias de aquellos sectores que resistieron con ahínco las políticas neoliberales.
Es por ello que si fuera posible identificar "protagonistas" que atraviesen los distintos films, éstos serían los trabajadores, los colectivos sociales en conflicto.
Los documentales en conjunto dan muestra del proceso de desintegración de un país con inmensos recursos.
Los protagonistas de las películas muestran, a través de su vida cotidiana, los crueles resultados de los planes de ajustes, de la desocupación y de la miseria. Maestros de escuela, delegados de fábrica, mujeres subsidiadas, ex mineros, jóvenes desempleados, adolescentes sin esperanzas y obreros que toman sus fábricas cuentan sus historias y, a través de ellas, la intensa realidad de la Argentina de hoy.

“No crucen el portón” es el primer documental del grupo. Realizado en 1992 este film cuenta la lucha de los trabajadores de la siderúrgica SOMISA en respuesta a las políticas implementadas por el gobierno de Menem que contó con la colaboración de la burocracia sindical.
Luego del “santiagazo” –el primer estallido social de magnitud- , el grupo realiza en 1994 “Después de la siesta”. Con este documental se desarrolla, además, la primer experiencia de contrainformación a través de la exhibición y distribución en forma independiente.

Entre los años 94 y 96 transcurre el rodaje del largometraje “Fantasmas en la Patagonia”. Filmado en 16mm y ampliado a 35, “Fantasmas...” experimenta el cruce de géneros entre el documental y la ficción.
El relato se sitúa en la localidad patagónica de Sierra Grande. Los integrantes del grupo formaron parte del pueblo y los protagonistas del film eran partícipes de la producción. La historia, metáfora de un país abandonado por sus dirigentes, se centra en el lado oculto de las decisiones políticas: cómo afectan las medidas económicas y el cierre de una mina de hierro a los valores, las relaciones humanas y los proyectos cotidianos.

“Fantasmas en la Patagonia” se estrenó en Sierra Grande, reabriéndose para ello la sala de cine Municipal. Durante más de una semana la casi totalidad del pueblo vivió las proyecciones como una extensión de su propia historia.
En forma paralela a la producción, el grupo se dedica a la investigación y desde 1999 desarrolla tareas educacionales y de formación a través de un Taller Documental. De él surgieron trabajos como “Tapados”, de Luciano Zito, estrenado comercialmente en el 2000, y “Rompiendo Muros”, de Alejandra Perdomo, un documental sobre la radio de los internos del hospital neuropsiquiátrico Borda.

Las masivas revueltas sociales de la ciudad patagónica de Cutral-Có de los años 96 y 97 iniciarían la investigación de lo que sería el largometraje digital “Agua de Fuego”. Trabajado con la técnica de registro directo y puesta en escena documental, “Agua de Fuego” describe uno de los conflictos nodales de nuestro país: la desocupación y la inutilidad de los planes Trabajar (subsidios para desocupados) como forma de reconversión laboral frente a las privatizaciones. “Agua de Fuego” se convirtió en el estreno cinematográfico del año 2001 del grupo.

Casi en forma paralela, se desarrolló el retrato de un cineasta argentino casi desconocido en nuestro país. “Jorge Giannoni, NN ese soy yo” es un documental que rescata la vida y obra de Giannoni, viajero y colaborador de cineastas como Raymundo Gleyzer, Fellini o Glauber Rocha. Olvidado y fallecido en medio de lo que sería su primer largometraje, el film plantea una metáfora sobre la producción independiente con todos sus conflictos, motivaciones y desencuentros.

Durante el 2002, en conjunto con el colectivo Contraimagen, se realizó el documental “Control Obrero, de los trabajadores de Brukman”, retrato de una de las experiencias más avanzadas de los trabajadores que buscan una alternativa frente a la desocupación. El film narra el proceso de las trabajadoras de una textil que toman la fábrica, e instalan la idea del manejo de la producción en sus propias manos, sin patrones ni burócratas sindicales.

Meses después, grupo de boedo films impulsa junto a otros colectivos documentalistas el “Noticiero Obrero Kino – Nuestra Lucha”. El mismo surge luego de que se formara la Comisión de Comunicación en el marco del II Encuentro Nacional de Fabricas Ocupadas, el 7 de setiembre de 2002, en la ciudad de Buenos Aires. Kino toma el nombre de Nuestra Lucha, periódico obrero independiente y trabaja en conjunto con él por una prensa de los trabajadores.

El Noticiero Obrero agrupa una serie de documentales que describen la problemática de este nuevo actor social: los trabajadores que ocupan fábricas en quiebra o abandonadas por sus patrones, desarrollando experiencias de control obrero, cooperativas y procesos sindicales combativos y antiburocráticos.
El Noticiero se distribuye y exhibe en asambleas populares, fábricas ocupadas y universidades, no sólo en el país, sino también a nivel internacional.

En mayo de 2003, la última producción del grupo dentro del colectivo es “Brukman: la trilogía” que a través de tres documentales -“Control Obrero”, “La fábrica es nuestra” y “Obreras sin patrón”- se cuenta la historia y el desarrollo de la lucha de los trabajadores de Brukman, experiencia inédita en la historia del movimiento obrero argentino.
Hacia fines del mismo año se editó el noticiero Nº 3 que incluye el documental “Nuestras Voces, Nuestros Cuerpos, Nuestras Vidas” que da cuenta de la situación de la mujer en la Argentina, su lucha por el aborto legal y su organización a partir de los encuentros nacionales de mujeres.

*Publicado en el catálogo de Cinema du Réel 2004.-