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El viernes
1º de noviembre en el salón auditorio de la Facultad de
Bellas Artes de La Plata, el público que colmó la sala
vibró, se emocionó, se cautivó con un film monumental:
“Raymundo”. Este hecho comenzó a revertirse con la restauración y difusión de sus películas, la escritura de artículos, libros y publicaciones. El film “Raymundo” irrumpe en este escenario: Ernesto Ardito y Virna Molina crean, a lo largo de cuatro años, una obra como pocas. Y si tenemos que hablar del nuevo cine argentino, “Raymundo” es, sin lugar a dudas, el suceso de este año. Hay varios motivos para afirmar dicha postura. Por un lado la incontrastable virtud del género documental que, a través de sus herramientas, hacen de la verosimilitud un hecho natural. Las entrevistas a los amigos, familiares y compañeros de ruta de Raymundo Gleyzer organizan milimétricamente el relato, con una cronología que une la vida del cineasta con su contexto histórico social. En este recorrido no sólo conocemos a Raymundo hombre, sino que repasamos la historia de la Argentina reciente con su punto de vista, hecho que invita a la asociación de ideas, más precisamente a una interpretación ideológica particular. ¿Que representó la dictadura de Onganía? ¿Cómo fue el profundo proceso del Cordobazo? ¿Cuál era la visión de los caminos de liberación en los 70´ en los países Latinoamericanos y quiénes la derrotaron? ¿Que significó la ilusión equivocada de un Perón en el poder? La historia se representa en el film con archivos inéditos y con la interpretación de Gleyzer, no sólo a través de un recorrido por sus films, si no también a partir de rescatar del olvido extensas entrevistas a Raymundo. Estos elementos no se reducen entonces a la mera exposición descriptiva; hay análisis, relaciones, cruces con el presente. Se suma a esto la puesta en valor de la clase trabajadora como sujeto movilizador del cambio social, y el rol de un cineasta como develador de estos procesos, de un personaje en busca de hacer partícipe a lo audiovisual como parte integrante de la historia. Este nexo se expresa en el film con la construcción desacartonada de Raymundo Gleyzer. Su imagen está presente, su carácter, ideas y sentimientos; lo vemos a Raymundo filmar, y a través de este acto conocemos su humanidad que comparte su contexto, lo critica, busca a través de la herramienta del cine la transformación de la realidad. Es allí donde el espectador siente que Raymundo está vivo, que su tarea no sólo sigue vigente, sino que está pendiente. El tratamiento de las imágenes de archivo, secuencias de animación, la recreación “ficcional”, son campos de la experimentación a los cuales acuden el dúo Ardito – Molina, demostrando una vez más que el cine documental argentino goza de muy buena salud. Al finalizar la proyección, luego de un aplauso que mezclaba sensaciones de emoción, energía, bronca y aprobación, el silencio enmudeció la sala. Es que hace falta tener un tiempo de respiro después de ver el film, para luego debatirlo. Pero
los debates –cada vez más frecuentes en las proyecciones
documentales en nuestro país- plantean ya no el “cómo
se hizo el film”, sino cómo transformar nuestra realidad. Pasado y presente, miradas con búsquedas similares, un cine que no calla y que plantea una tarea, no sólo en la Argentina, sino también en Latinoamérica toda. *Crónica
del preestreno del film de Ernesto Ardito y Virna Molina en La Plata,
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