Las reacciones sociales no son gratuitas


por Diego Papic y Gonzalo Butta
Publicado en: www.cinenacional.com



"Las reacciones sociales no son gratuitas" Dijo Claudio Remedi, uno de los tres directores de Agua de fuego, el documental sobre los cortes de ruta en Cutral-Có. La entrevista fue realizada por cinenacional.com a él y a otra de las directoras, Sandra Godoy, en septiembre del año pasado. Pero, cada día que pasa, se vuelve más vigente.

-¿Cómo nació el Grupo Boedo Films?
Claudio Remedi: -Mayormente, somos todos egresados de la Escuela de Cine de Avellaneda. Después se fue sumando gente de Imagen y Sonido, de la Univeridad de La Plata. Pero bueno, nosotros estábamos egresando en el ’92 y con Sandra empezamos a trabajar en un canal trucho -que era Utopía- haciendo un programa documental que se llamaba Últimas imágenes, con sus problemas productivos y su delirio de garantizar un documental por semana. A partir de ahí se impone el nombre, en homenaje a los escritores de Boedo. Lo que a nosotros nos motivaba hacer mostrar historias de un presente conflictivo. La década de Menem nos dio mucho material: hicimos un documental en Somisa en pleno conflicto, un documental sobre el santiagueñazo, y otras cosas. Pero la intención era reflejar la realidad, experimentar con el cruce de géneros y laburar como grupo.

-¿Cuáles fueron sus modelos de documentalistas?
CR: -En la Argentina tenemos un pasado histórico muy groso, que fue Fernando Birri con la Escuela Documental de Santa Fé en la década del ’50, cosa bastante inédita en Latinoamérica. Y con una ideología que era trabajar la realidad desde un punto de vista crítico y de autor. Y después, a partir de Birri, también hay otros referentes. Por ejemplo, Raymundo Gleyzer con Cine de la Base, que no sólo trabajaba esto sino que también tenía su experimentación estética, y su experimentación en cuanto a la difusión de los materiales. Otro de los referentes en la forma de trabajar y de encarar los proyectos es Carlos Echeverría.

-¿Y de afuera?
CR: Robert Kramer tiene otra forma de laburar el cine documental. Trata de investigar el cruce de estética ficción y documental y empezar a investigar el campo de lo que los franceses llaman documental de creación. Desligarse de lo que es el documental de investigación periodística o el documental centrado únicamente en la entrevista.

-¿Se inspiran también en obras que sean puramente de ficción?
CR: -Nostros hacemos cine. No lo sentimos como una dicotomía. Nos interesa esa frase que dice que el mejor documental es el que se parece a la ficción y la mejor ficción es la que se parece a un documental. De hecho, está la idea de hacer algo de ficción en el futuro, tal vez. En cuanto a las influencias, hay muchas. Se me ocurre Ken Loach, por ejemplo. Pero siempre hay que nutrirse del cine. De lo bueno y de lo malo...

Sandra Godoy: -... así sabés lo que no tenés que hacer.

-¿Cuál fue la premisa principal del film?
CR: -Nuestra motivación surge a partir de todo lo que no se ve en la televisión. Cuando uno ve un noticiero siempre está la voz del periodista y hay reportajes generalmente a gente vinculada al poder, o a gente vinculada a agrupaciones políticas. Entonces, de entrada la decisión era trabajar una historia con gente que no tuviera esa voz, que no tuviera esa oportunidad de acceder a ningún medio. Y trabajarlo a partir de lo cotidiano, creando una historia en donde uno perciba como espectador cómo es la vida en un pueblo que vivió una gran movilización social y después se quedó con las migajas que da el poder, que son los Planes Trabajar, mientras que el bombeo de petróleo y las grandes riquezas son ahora llevadas por las empresas privadas.

-¿La idea previa se modificó mucho durante el rodaje?
SG: -Desde acá pensamos un montón de cosas que después no se pudieron hacer. Nos encontramos con una realidad que nos superaba. Y después la gente, que tenía mucha necesidad de hablar. En su momento y ahora. De hecho, no por nada cortaron la ruta.

CR: -En principio, nosotros queríamos conocer a fondo a los jóvenes fogoneros. Pero nos encontramos con otra realidad, que eran las mujeres del pueblo. Entonces decidimos trabajar con las mujeres.

SG: -Fue un trabajo de hormiga: interactuar con la gente, empezar a conocerlos, que ellos nos conocieran a nosotros, contarles medianamente lo que queríamos, y ellos nos empezaron a contar lo que querían ellos (risas). También había gente que no quería hablar, porque Cutral-Có estaba como custodiada policialmente. Y además, después de corte de ruta y todo lo que pasó quedaron como atemorizados. Pero no eran la mayoría.

CR: -Después fue un laburo de plantear escenas. Según como era su vida cotidiana, más o menos diseñábamos lo que queríamos filmar y filmábamos con la técnica del registro directo, sin influir. No hacíamos ningún tipo de pauta, ni nada.

-¿Cómo surgió la idea de la escena en que Vanesa rememora los cortes de ruta a través de unos recortes de diario?
CR: -En la investigación vimos que ella había hecho un trabajo escolar. Entonces a partir de eso hicimos la recreación. Que ella rememore un poco el presente de lo que fueron los cortes de ruta a través de su trabajo, que era un cuadernito con noticias pegadas. Por otro lado, lo que veíamos también era que la gente en Cutral-Có muchas veces se juntaba a ver lo que había pasado con grabaciones caseras. Rememoraba, miraba, se reconocía en todo lo que había filmado la televisión y utilizamos ese mecanismo como para contar un poco los hechos del pasado con una puesta en escena.

-Nos llamó la atención también que en la película no se ve la violencia, pero que de todas maneras es muy violenta.
SG: -Es que cuando fuimos a grabar nos resultó mucho más violento el hecho de que estuvieran siete horas esperando el pago de un subsidio, o que los dejaran sin Plan Trabajar durante un mes y al otro mes se quedaran sin cobrar, que les dijeran que cobraban el 5 y después el 10 o el 20... nos parecía violento que una familia con siete hijos estuviera brindando con agua en Navidad... hay muchas cosas violentas. El tema de la represión ya lo sabíamos, lo vimos todos.

-La película se estreno en Cutral-Có. ¿Cómo fue esa experiencia?
SG: -Multitudinaria, como los cortes de ruta. Estaban todos en el cine. Fue muy emotivo. Se hicieron dos funciones. Según lo que dicen ellos, era como un espejo.

-¿Y a los protagonistas qué les pareció?
CR: -Les llamó la atención. En general, nosotros trabajamos con la gente en función de qué cosa queremos contar, pero no aclaramos cómo la vamos a contar. En ese sentido, siempre esperan eso, entrevistas, imágenes de archivo... pero no ver una película en la cual vos compartas o te sientas partícipe de una situación cotidiana. En ese sentido, tanto Agua de fuego como Fantasmas en la Patagonia en su momento, llamaron la atención.

-¿Es difícil para un documental obtener una buena distribución?
CR: -Si. Hay poca cultura en documental, en relación a la exhibición en salas. Por año no se estrenan más de cuatro o cinco. Y, generalmente, en salas ya especificadas, tipo Cosmos. Yo creo que por un lado hay una falta de cultura documental en el sentido de que el documental no es sólo eso que uno ve en Discovery Channel, sino que hay otro tipo de documental y otro tipo de experimentación. Pero por otro lado creo que lo que nosotros podemos llegar a sufrir en el sentido de acotación de espacios de difusión también le toca al cine de ficción. Hay muchísimas películas argentinas que sólo se estrenan en el Tita Merello. Entonces, hay todo un cerrojo en cuanto a la exhibición de cine argentino, que depende de algo histórico que tiene que ver con que todavía no está instrumentado el tema de la protección, el tema de la cuota de pantalla. Y siempre termina la distribución en manos de los grandes distribuidores que estrenan en una o dos salas, y si te la estrenan en más no te la defienden.

-Pasa lo mismo con los canales de televisión abierta...
CR: -Exacto. A pesar de que Canal 7 haya tenido una apertura, no hubo una propuesta concreta de remuneración en relación al documental. Nosotros estuvimos gestionando y te dicen que el espacio está disponible, pero gratis. Y si uno no empieza a recuperar el dinero por los canales habituales, no se puede seguir produciendo.

-¿Cómo se mantiene económicamente el grupo?
CR: -Hay que tener en cuenta que Fantasmas en la Patagonia fue en fílmico, entonces accedió al subsidio del Instituto. Igual no hemos ganado dinero, pero sí se han cubierto los gastos, no hipotecamos nada. En función de eso y en función de una asistencia de público bastante importante en todo el país. Agua de fuego es financiada por nuestros trabajos individuales, no tenemos subsidios ni apoyo.

-¿Qué esperan de la película?
CR: -Nosotros pensamos que hay un público que quiere ver estas historias, cómo vive cierta gente, qué es lo que piensa. Nosotros trabajamos para ese público y más allá de ese público. Creemos en eso que dice el distribuidor uruguayo Walter Achugar: al público hay que educarlo. Por otro lado, por la experiencia que tuvimos en Cutral-Có y en un par de exhibiciones que hemos hecho en algunos lugares del Gran Buenos Aires, lo que percibimos es que la película genera mucha discusión. Y ese era uno de los objetivos, que genere debates. Que sea, por lo menos, polémica.

-¿Y a ustedes qué debate les sugiere la película?
CR: -La película es parte de una discusión que uno siempre escucha en la radio. ¿Qué es lo violento? ¿Cortar una calle o no tener posibilidades de desarrollar lo que uno quiere hacer? Es toda una violencia que parte de un sistema político. Las reacciones sociales no son gratuitas. ¿O acaso no es violento que nos recorten más de la mitad del presupuesto del Instituto, que nos apliquen un IVA? Todo eso genera un montón de cosas. Si laburamos en cine, es simplemente empezar a pensar en laburar de taxista... con suerte, ¿no?

SG: -... con una licencia trucha (risas).