![]() |
||||||||||||
![]() |
![]() |
|||||||||||
|
|
|
|
|
Fantasmas en la Patagonia habla de la hoy agonizante ciudad que antes se enorgullecía de tener el mayor yacimiento de hierro de América del Sur. A las habituales incertidumbres ante todo estreno inminente se sumarán otras en el caso del director Claudio Remedi y el juvenil equipo que lo acompañó para que fuera posible concretar Fantasmas en la Patagonia, película cuya presentación se anuncia para el próximo jueves en una de las salas del Tita Merello, complejo oficial dedicado al cine argentino. Las razones son varias. Por lo pronto, se trata de un documental, género comprometido y problemático si los hay. Pero, además, ocurre que su tema es un drama patagónico ocasionado por una medida de este gobierno. Sierra Grande, en la provincia de Río Negro, es -o era- un pueblo minero. El yacimiento de hierro que allí se encuentra aseguraba el futuro de la localidad: es el más grande de Sudamérica y tenía reservas, se calculaba, para doscientos años. La empresa que lo explotaba era Hipasam (Hierro Patagónico, Sociedad Anónima Mixta). El tiempo pasado obedece a que un decreto de 1992 la cerró. La ciudad perdió su destino, la mayor parte de su población se encontró en la necesidad de emigrar, aunque algunos se quedaron. Convertidos en habitantes de un pueblo fantasma. En un reportaje a ellos, a las razones que los motivaron para quedarse, a sus comentarios sobre los hechos, a sus opiniones y vivencias (hay un impresionante recorrido subterráneo, a más de 400 metros de profundidad, por las galerías de la mina paralizada), consiste Fantasmas en la Patagonia. Contra lo que pudiera suponerse, los cineastas no son patagónicos. Tampoco provincianos. Son egresados de la Escuela de Cine de Avellaneda y han formado el Grupo de Boedo Films. No necesariamente por vivir en ese barrio porteño, sino como homenaje a aquellos literatos que en la década del 20 prefirieron reflejar en sus escritos la realidad que los rodeaba. Las inquietudes que llevaron a los cineastas a encarar una película que, a priori, aparece a la vez tan necesaria como polémica, las explica el realizador: "Yo venía de hacer un documental en San Nicolás sobre Somisa (Sociedad Mixta Siderurgia Argentina), en 1992, y ahí me enteré de que existía Sierra Grande. Tiempo después me topé en Buenos Aires con gente de esa localidad, que estaba en la ciudad para protestar por el proceso de cierre de Hipasam. Aporté al fondo de contribución y ellos me retribuyeron con una bolsita de pelet, el hierro que producía la empresa minera. Eso me quedó picando, hasta que hace un par de años viajé a Sierra Grande y decidimos con el grupo que allí había una historia para contar". Y vaya qué historia. ("No teníamos un guión preestablecido, sí un plan que se iba transformando con lo que nos daba la gente", sigue explicando Remedi.) De hecho podría sintetizarse así: donde había 20.000 habitantes, quedan 4.000... o quedaban en el momento del rodaje, la situación puede haberse modificado aún más. Esa película que habla de gente que lucha porque todavía cree posible que aparezca una solución; esa película que pudo hacerse gracias a un crédito del INCAA (el Instituto Nacional de Cinematografía y Artes Audiovisuales), pero también a que muchos del equipo vendieron sus autos y encima pidieron prestado, hasta redondear los 350.000 dólares, solamente, que costó; esa película que mereció el honor de ser invitada a un festival internacional como el de La Habana y que ahora llega a la gran capital, tuvo antes, sin embargo, la "premiére mundial" que mejor venía: el 27 de noviembre del año pasado, en el Salón Cultural de la Municipalidad de Sierra Grande. Y, de allí en más, anduvo por casi todas las ciudades de la Patagonia. Donde tenían cine, en los cines; y donde no, como fuera. El equipo -que completan Fernando Soldevila, Gabriela Jaime, Guillermo Arengo, Lucas Martelli, Horacio Almada y Licia Tizzani, entre otros- quedó sumamente movilizado por la experiencia. "Las vivencias que recogimos nos van a quedar grabadas mucho más allá de la película; nos llevamos una experiencia de vida que dura más que el tiempo real", asegura el equipo, en su totalidad. Y agregan que, desde ahora, Sierra Grande es su segundo hogar. |
||