por Anibal M. Vinelli
Publicado en: Diario Clarín del 28/02/1997
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Documental ascético y medido, Fantasmas en la Patagonia, dirigido y escrito por Claudio Remedi, radiografía el drama de Sierra Grande.

El sobreimpreso inicial enfatiza que Sierra Grande, en la provincia de Río Negro, "era un pueblo de 300 casas. Con el descubrimiento del mayor yacimiento de hierro del país su población llegó a tener 18.000 habitantes, siendo la mina su principal fuente de trabajo. En 1992 el gobierno del presidente Menem decreta el cierre de la empresa minera, provocando el éxodo de más de dos tercios de la población". Desde ese resumen se comprende cuán adecuado es el título de Fantasmas en la Patagonia, más todavía por lo incontrastable de las imágenes y la suma de testimonios. Con apuntes de ironía o humor en medio de la desgracia, la luz mortecina exhibe un bar llamado La Esperanza, un monolito recibe con la leyenda de "Sierra Grande, capital del hierro", un dúo de jóvenes (en una especie de diálogo Tarantino/Patagónico) habla de mujeres, de la posibilidad de ganar un peso, otro pasea por una de las casas que les daban a los mineros y de la que se han robado hasta las ventanas.

"Es muy normal -acota otro- que te pregunten si queda gente en Sierra Grande y de qué viven." Algunos ofrecen su propia respuesta apostando a la imaginación, como el relojero que se fundió y ahora produce animalitos artesanales. Pero ni siquiera en esto existe la felicidad de la comprensión: él reproduce la fauna de la Patagonia, "pero hay quienes me piden pirámides o elefantes". Y mientras unos pocos mineros se ocupan del control y mantenimiento, otros brindan excursiones a las minas (un descenso de 400 metros) y no falta el que sigue construyendo un hotel, lo viene haciendo desde hace 6 o 7 años.

Las promesas de reactivación no se tornan realidad y, aunque los lugareños quieren aferrarse al terruño, es difícil sobrevivir cuando una de las formas de pago son bonos irredimibles. ¿Y para qué seguir, esto es, para qué seguir con la reseña? Basta concluir con que Fantasmas en la Patagonia es cinematográficamente correcto y como testimonio pega con la contundencia de un mazazo, sin siquiera andarse por las ramas en cuanto a culpas y perjuicios. Y a pesar de ello...

Cuenta con el auspicio de la Secretaría de Cultura de la Nación y se exhibe en una de las salas del Instituto Nacional de Cinematografía y Artes Audiovisuales. La paradoja es una institución argentina.