por Fabiana Scherer
Publicado en: La Nación del 11/10/2002
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Realizadores y productores dialogaron con Vía libre sobre el excepcional momento del género en nuestro país.Tres ciclos especiales y la televisión permitirán conocer buena parte de sus producciones

El documentalista no es un combatiente, es más bien un profeta. No marcha con la muchedumbre, sino que la antecede, exigiendo que la discusión se instale antes que la acción (Paul Rotha, Documentary Film )

"Las imágenes son nuestras defensas", dice sin titubear Sandra Gugliotta, uno de los trece directores que componen Visionario , la serie documental que estrenará Canal 7. "La cámara ya no sólo es testigo -agrega Gugliotta-. En el último tiempo, además de tener una función artística empezó a cumplir una función de policía, de resguardar nuestra seguridad. Una imagen fue capaz de decir la verdad de lo qué pasó con Santillán y Kosteki."

Históricamente, el documental en la Argentina cargó con un fuerte contenido político, por lo que no sorprende que hoy, crisis mediante, el género esté atravesando un momento de esplendor. "Plantear qué es el cine documental y cuál es su función después de lo ocurrido el 19 y 20 de diciembre último en Plaza de Mayo es clave -asegura Claudio Remedi, realizador del Grupo de Boedo Films y miembro de la Asociación de Documentalistas Argentinos (ADOC)-. El quiebre que se produjo en la hegemonía del poder y en la mirada de los medios masivos hizo que el posicionamiento del documental fuera diferente."

La necesidad y la urgencia es lo que mueve a decenas de realizaciones que, sin importar el formato y su duración, pululan en centros culturales, asambleas barriales, universidades y cualquier otra sala improvisada que pueda servir de lugar de proyección y debate. No son pocos los que se animan a decir que estos trabajos son fieles herederos de una visión comprometida que tuvo a la cabeza a Fernando Birri, Raymundo Gleyzer y Pino Solanas.

"El momento es oportuno -aclara Alejandra Guzzo, integrante del Grupo de Cine Insurgente y miembro de ADOC-, la gente está reclamando este tipo de trabajos, capaz de mostrar una realidad más concreta, reciclada de diferentes lugares, con distintas miradas."

Para Luis Barone, coordinador general de la Dirección Nacional de Acción Federal e Industrias Culturales y uno de los propulsores de Visionario , la temática social es ineludible. "Los jóvenes de hoy te exigen compromiso y un recurso político en tus trabajos -analiza-. A diferencia de los años 70, época en la que se hablaba desde la ideología, el documental actual tiene una mirada más personal, sin una ideología que condicione esa mirada."

La urgencia no sólo es el motor del documental argentino, sólo basta pensar en la nutrida presencia que el género mantuvo en las diversas secciones del último Festival de Cine de Buenos Aires. De hecho, en la competencia Cine Argentino, la ganadora fue Ciudad María , obra de Enrique Bellante que muestra cómo San Nicolás dejó de ser con los años la ciudad metalúrgica por excelencia para convertirse en la ciudad de la fe. En la misma sección se presentó Las Palmas, Chaco , de Alejandro Fernández Mouján, producción que se estrenará el jueves en el cine Cosmos y que habla del proceso de desindustrialización en la Argentina. "Tomo la llegada de Las Palmas... al cine como un camino de difusión, para darla a conocer -se anticipa Mouján-. Soy consciente de que la gente no va a ver documentales a las salas, más si tiene que pagar una entrada."

Al público hay que educarlo, sostiene Remedi, una frase fundamental del Cine de la Base. "Puede sonar paternalista -se defiende-, pero es necesario acceder a más espacios para poder difundir los trabajos. Esta discusión va más allá de los géneros."

"No sé si se trata de educar o no -se suma Miguel Mato, director de Una modesta proposición -, lo que sí es cierto es que no hay una política de difusión. No creo en el desinterés, estoy convencido de que hay un nivel de demanda para satisfacer. Lamentablemente muchos toman el documental, más aún si está hecho en video, como un simple ejercicio narrativo."

Una herramienta social y militante, ése era el papel que en los años 70 ocupaba el género. "Por aquellos años no nos planteábamos cómo llegar a una sala, no entraba en discusión si íbamos a una sala o no -sostiene Marcelo Schapces, productor ejecutivo y realizador de Visionario- . No sé por qué hay que pertenecer a un sistema. Entrar en ese juego implica pelearse con los exhibidores, con ese 80 por ciento que sólo piensa en facturar y vender pochoclo."

"Está claro que si nosotros fuéramos un buen negocio estaríamos en los Villages -asegura Emiliano Penelas, uno de los realizadores de Matanza -, lo que no entiendo es por qué tenemos que negarnos a entrar en el sistema de distribución. Imagínense lo que sería si nuestras películas llegaran a un millón de personas."

La problemática de distribución a la que hace frente el documental es muy similar a la del cine de ficción local. "Que la distribución esté en manos de personas que responden a intereses internacionales y que poco tienen que ver con la cultura, lo sabemos y lo padecemos -explica Gugliotta, a partir de su experiencia con Un día de suerte -. Es una cuestión para reflexionar en conjunto."

La televisión es el medio natural del género, en eso coinciden todos. "Uno de los logros de la ADOC fue el de propulsar el llamado a concurso del Instituto Nacional de Cine para 13 documentales para TV -asegura Guzzo-. Sólo esperamos que no sea un caso aislado." Para Myriam Angueira, también miembro de la asociación y realizadora de El puente , es importante rescatar la necesidad de la gente de verse reflejada. "Como un espejo -ejemplifica-, es por esto que también hay un auge en el cine local de la mano de directores como Trapero ( El Bonaerense ) y Caetano ( Un oso rojo ). A partir de esto se están dando nuevas lecturas y debates acerca de la concepción de los documentales. Hay una ruptura que se aleja de lo propagandístico para acercarse a la gente."